14 jul. 2016

.: Finde 020: Las Hurdes :.

Siempre está bien cambiar un poco y aunque lo que impera en verano es huir a la playa cada viernes, en esta ocasión nos hemos decantado por Las Hurdes, en Extremadura. Hace poco vimos una fotos de sus piscinas naturales y este finde hemos aprovechado para disfrutar de ellas.

Salimos el jueves desde Sevilla y tardamos alrededor de 4 horas en llegar a nuestro destino: Avellanar, pedanía de Pinofranqueado. Se trata de una alquería que cuenta con 12 habitantes, por lo que la tranquilidad y el descanso está completamente asegurado. 
 


Esta vez hemos probado con los alojamientos de Airbnb y hemos acertado de lleno. Elegimos una casita rural, llamada Refugio Montaña y regentada por María y Luis. Tras recibirnos estupendamente, nos acompañaron a la casa para enseñárnosla y resolver cualquier duda que tuviésemos.


La casa consta de dos dormitorios con cama de matrimonio, una salita con cocina, baño y una terraza con barbacoa que da a un riachuelo. El entorno es perfecto para descansar. Las camas son cómodas, algo que se agradece tras los largos días de turismo. Aunque es un sitio que no tiene cobertura, la casa sí que cuenta con WiFi. El precio va desde los 35€ por noche para dos personas. Detalles que no cuestan y gustan es la cerveza fresquita que nos esperaba en la nevera, ¡que se lo apunten otros!

Como era más bien tarde, esa noche la dedicamos a inaugurar la barbacoa y a planificar el día siguiente.

Como la idea era descansar, dormimos algo más de la cuenta y luego nos pusimos en marcha hacia El Gasco. Por el camino entramos en un pequeño pueblo llamado Cambroncino, en el que paramos a ver la iglesia de Santa Catalina, del siglo XVII, construida siguiendo el estilo arquitectónico tradicional de Las Hurdes.
Una vez llegamos a El Gasco tras una buena sesión de curvas, dimos un pequeño y rápido paseo por el pueblo y, como el calor apretaba, aprovechamos para quedarnos en su piscina natural. 



Sus aguas son limpias y fresquitas, por lo que pasamos allí casi todo el día. Comimos en El Malaje, un chiringuito que han abierto justo al lado de la piscina. 



La piscina natural está en la entrada del sendero que te lleva al Chorro de la Meancera. Es una ruta agradable, muy fácil de hacer y con una duración de una hora y media ida y vuelta.

Desde el mismo pueblo podemos ver el volcán de El Gasco, que, realmente se trata de un cráter originado por un meteorito.

Cuando caía la tarde y el calor era un poco más soportable, pusimos rumbo a Riomalo de Abajo para contemplar el Meandro del Melero, pasando primero por Nuñomoral, un pueblo atravesado por el río Hurdano que nos dejó unas bonitas fotos de la plaza del ayuntamiento y el paso del río.

Seguimos hacia el meandro, que está perfectamente señalizado y se puede acceder en coche tras un camino de tierra y piedras por el que hay que circular despacito y sin prisa. Eso sí, una vez se llega al Mirador de la Antigua, desde el que se ve el Meandro del Melero, te das cuenta que ha merecido la pena.

Tras ver este bonito paisaje, volvimos a casa a descansar, no sin antes pegarnos una buena barbacoa al fresquito. Parte de la cena fueron unos calabacines enormes que nos regaló María, ¡qué ricos estaban a la parrilla!

La mañana del sábado nos dirigimos de nuevo a Riomalo de Abajo, esta vez para pasar una jornada de baño en su piscina natural. Las aguas del río Ladrillar son más claras que las de El Gasco, principalmente porque hay más corriente. Es una zona de camping a la que puedes acceder con el coche y dejarlo casi al lado de donde te pongas en su playita de arena.

Se estaba bien pero había mucha gente así que seguimos andando un poco por el curso del río y llegamos a una pequeña "cala" en la que apenas había gente, y allí nos instalamos a pasar el día.

A la hora de la comida nos acercamos a uno de los pocos restaurantes que hay en el pueblo, el restaurante Riomalo. Como teníamos todo montado (sombrilla, cortaviento, etc) y no queríamos perder el buen sitio que habíamos cogido, para ir a comer preguntamos si hacían bocadillos. Tras insistir un poco en que nos atendieran (no había nadie) encargamos bocadillos de lomo y patatas fritas. Cada bocadillo eran 4,50€, bien cobrado sobre todo teniendo en cuenta que solo venían dos filetitos de lomo cortados a la mitad y puestos a lo largo para rellenar. Y las patatas, apenas sin freír, aceitosas, y con mijitas negras del aceite, también por 4,50€. Para no repetir. Pero lo importante era disfrutar así que volvimos a la piscina y aprovechamos para seguir desconectando un poco entre los senderos que ofrecía el río.


Al final de la tarde nos fuimos al Valle de las Batuecas para visitar el Santo Desierto de San José. Aparcamos el coche en el primer parking que corresponde al sendero del santuario. 

Desde allí la distancia es de 1.3 km. La ruta es muy fácil de hacer puesto que está adaptada para silla de ruedas a partir del segundo aparcamiento, que se encuentra a unos 400 metros del primero.

El sendero va recorriendo el río Batuecas hasta llegar a la puerta del santuario. El paraje es de una belleza increíble, las aguas son cristalinas e invitan a ir refrescándose durante el camino.

Como dice la expresión que se asemeja a "estar en Babia", nosotros "estábamos en las Batuecas", completamente emsimismados por el encanto de la zona.

Tras este agradable paseo, llegamos a nuestro destino: el convento carmelitano que se empezó a construir a finales del siglo XVI y que cuenta con ampliaciones hasta el siglo XVIII. El nombre de "desierto" viene del modelo de los monjes del Monte Carmelo y de los desiertos de Egipto.

El santuario no se puede visitar pero si queréis pasar unas jornadas contemplativas, los monjes disponen de hospedería para que podáis disfrutar de unos días para estar con vosotros mismos.

Decidimos volver paseando tranquilamente hasta el parking, y de allí nos fuimos hasta Caminomorisco a dar buena cuenta de una parrillada en el restaurante El Rincón Hurdano. Junto con la parrillada te sirven un pan de pueblo buenísimo, una fuente con patatas, setas y pimientos, y un salmorejo con pan tostado. La comida junto con los refrescos fueron 37 €.

 

Tras dar un paseo por el pueblo, ya que eran las fiestas de San Cristóbal, nos dirigimos a Avellanar para descansar.

El domingo no queríamos cansarnos demasiado, así que fuimos a conocer la piscina natural de Horcajo, que se encuentra a unos 10 minutos de Avellanar. 

Se trata de una piscina de unos 50 metros de largo, y sus aguas son limpias y cristalinas. El entorno es muy tranquilo, en plena naturaleza. De hecho, teníamos las ovejas bebiendo casi al lado y podíamos coger renacuajos y pececillos con las manos en la misma piscina.

Volvimos a recoger las maletas y a prepararnos para la vuelta. Vuelta que hicimos con mucha nostalgia, puesto que la escapada se nos había hecho corta. Una manera diferente y totalmente recomendable de pasar los calurosos días veraniegos.

Tips para tener en cuenta si viajamos a Las Hurdes:

- Zapatos de agua: para bañarnos en los ríos son imprescindibles. Nos evitarán pisar algo con lo que podamos hacernos daño y al pisar estaremos más seguros entre las piedras del fondo.

- Vehículo: estar al loro en cuestión de combustible. No es que no haya gasolineras, pero las que hay están separadas entre sí y no hay en todas las poblaciones.

- Supermercados: encontramos tiendas en los pueblos de más habitantes pero si decidimos irnos a alguna alquería más apartada debemos tener en cuenta hacer la compra antes de llegar al destino.

- Cobertura: si alguien peca de workaholic o simplemente está algo enganchado al móvil, recordad que no tendremos acceso en muchas zonas.

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