12 nov. 2015

.: Finde 019: Salobreña :.

Este viaje a la Costa Tropical de Granada vino motivado por el hecho de haber estado hacía ya más de 15 años en Salobreña con un amigo y sus padres. 

Tenía un buen recuerdo de la localidad y de sus playas, un pueblito con encanto en el que había una playa con poca gente y agua cristalina. Esa fue la chispa que nos hizo dirigirnos hacia Salobreña para las vacaciones veraniegas.

El viaje comenzó con una pequeña parada en Tarifa. Allí fuimos a almorzar a un lugar, el Bar el Puerto, en el que para nosotros el pulpo con mayonesa ya es una tapa de culto.

Estuvimos dando paseos por el pueblo, disfrutando de su ambiente y su tranquilidad, tomándonos un refresco sin prisa y saboreando los ricos pasteles de La Tarifeña.
Hasta que llegó la noche, momento en el que fuimos a cenar al Bar El Nata, en el que nos pedimos dos brochetas de rosada, media ración de almejas y una tapa de ensaladilla, que con dos bebidas nos salió por 15€.


Al día siguiente partimos hacia Salobreña pero hicimos una parada para almorzar en Nerja, concretamente al Bar El Pulguilla, al que conocimos el verano anterior a la vuelta de nuestro segundo viaje al Cabo de Gata.

Tras un buen almuerzo de pescaíto frito seguimos haciendo kilómetros hasta llegar a Salobreña, alojándonos en un apartamento del casco histórico muy cerca del Castillo. Este apartamento recibía el nombre de Casa Fifi y era espectacular. Nos salió para 6 noches por 225€ y aunque todo lo que leíamos antes de ir era bueno siempre tuvimos ese pelín de "a ver qué nos encontramos...". Pero como digo, era un 10 de apartamento.

Era muy acogedor, con una distribución extraña pero bien pensada, con muchos detallitos para hacer que la estancia sea de lo más agradable. Un menaje muy completo, WiFi, un armario lleno de películas en dvd, un gran televisor conectado a un ordenador que hacía de monitor para navegar, aire acondicionado,.. de todo.

Además estaba todo muy limpio, nuevo y cuidado, con un libro de firmas en el que tan solo se leían buenas palabras de los anteriores inquilinos. Un lugar muy recomendado.


Por la tarde fuimos con unos amigos que se alojaban también en Salobreña a la playa del Peñón, una playa familiar en la que se estaba estupendamente bien, con el agua muy tranquila aunque algo sucia, pero no porque no se pongan medios para limpiarla, sino debido a que la gente no es capaz de tirar su basura en una bolsa y luego depositarla en un contenedor.

Por la noche fuimos a cenar a un establecimiento que se encontraba en el peñón que da nombre a la playa. Se trata del Restaurante el Peñón. Nos pedimos langostinos, una fritura variada para compartir, pulpo a la brasa, sardinas y alguna cosilla más, todo por 62,20€. Muy recomendado este lugar, sobre todo porque está bien metido en el peñón y tienes el mar a pocos metros.




Como íbamos para varios días más de una vez estuvimos comiendo en la casa y la mayor parte del tiempo lo pasamos en la playa gracias a lo bien que se estaba. Incluso una noche nos llevamos cena y estuvimos tirados en la arena charlando hasta las 23:00. Hacía una temperatura muy agradable y el viento no soplaba apenas.  

Una buena experiencia en la playa del Peñón fue la de comprar un snorquel y unas gafas para buscar pececitos y erizos por las piedras. Algo tan simple y sencillo fue una actividad muy divertida en la que el tiempo se iba volando.

Una de las noches fuimos a pasear antes de ir a cenar al famoso Bar Pesetas pero no sin antes hacer una paradita en un mirador desde el que se veía una buena parte de Salobreña.

Pasamos también por un pasaje conocido como La Bóveda, conocido así por la forma de su techo, siendo uno de los pocos elementos arquitectónicos medievales que se conservan en la localidad. En la placa que señaliza el lugar, dice que se construyó para ampliar el espacio de la mezquita de la medina nazarí que se encontraba donde ahora está la iglesia parroquial.

Vimos el exterior de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, desde cuya plaza (que hasta 1789 fue cementerio cristiano) se obtienen también unas buenas vistas también de Salobreña. Este templo fue edificado en el siglo XVI sobre la antigua mezquita musulmana. En 1821 un incendio destrozó su interior, que fue reedificado entre 1832 y 1833.
Aún no lo hemos comentado pero es importante saber que pasear por Salobreña es subir y bajar constantemente cuestas, y tras bajar por una de ellas llegamos hasta el mirador de El Postigo, lugar en el que antiguamente se ubicó una de las puertas del recinto amurallado. Desde el siglo XV se la conocía como Puerta del Socorro de la Mar, Puerta o Postigo de la Mar o simplemente como Puerta del Postigo, por ser la puerta que comunicaba a la villa con la playa y el puerto.

Tras la caminata nos fuimos a cenar al Bar Pesetas. Nos sentamos en su espectacular terraza desde la que se pueden disfrutar de unas buenas vistas de Salobreña.
Éramos cuatro y nos pedimos una ensalada templada de camembert, una rosada frita, un secreto ibérico, un solomillo a la pimienta, un choco a la marinera, y para rematar la faena un helado de guayaba y una tarta de queso. Todo por 80,10€



Fue una cena bastante copiosa así que decidimos dar un buen paseo para rebajarla en la mayor medida posible (o al menos para limpiar nuestra conciencia jejeje). En este paseo subimos hasta lo más alto, hasta el Castillo de Salobreña que en aquel momento se encontraba cerrado por reformas.

El castillo fue construido por motivos defensivos en el siglo X, durante el dominio musulmán, llegando a albergar en su interior un palacio real que posteriormente fue una prisión real. Tras la reconquista cristiana fue entregado a Francisco Ramírez como reconocimiento por la conquista de la plaza, manteniendo su carácter militar hasta el siglo XVIII, que ya estaba ruinoso y tenía poco interés para la defensa.

Volvimos a bajar encontrándonos unas callecitas con bastante encanto en las que solo se escuchaban los grillos y en las que se respiraba una total tranquilidad que invitaba a sentarse y disfrutar de ella.


En los últimos días en Salobreña el tiempo se torció bastante. El cielo se nubló, el viento empezó a soplar y la mar se agitó mucho. Esto nos hizo buscar un plan alternativo así que nos desplazamos a la vecina localidad de Motril para conocerla.

Nos dimos una primera vuelta en coche por la zona del puerto y de la playa encontrándonos con que no tenía nada que ver con Salobreña. Aquello es más una zona industrial que de veraneo aunque algún turista había en la playa.

Fuimos para el centro, que nos costó la vida aparcar, y nos dimos un paseo viendo tiendas y recorriendo sus calles mientras mirábamos algún lugar en el que cenar, entrando finalmente en un bar que estaba muy ambientado y con muy buena pinta en sus tapas. 

En este sitio, llamado Mesón Medina, nos tomamos dos refrescos con dos brochetas de marisco, una tapa de croquetas, otra de cazón en adobo, un pitiminí (minicroquetas), un bikini (pepito) y  una hamburguesa mexicana (tomate, lechuga, cebolla, queso, huevo, beicon, pepinillos y tabasco), esto último por 3,5€ y las tapas por 1€. En total 11,70€. Muy buen precio y muy rico todo.


 
La última noche no sabíamos dónde cenar y fuimos paseando por el centro de Salobreña, dirección a la playa. A medio camino nos encontramos con Le Petit Bistro, lugar que parecía tranquilo y cómodo y en el que habíamos parado unos días antes a tomar una cervecita a mediodía. 

Pedimos unas Radler y nos pusieron una tapa de boquerones y aceitunas. No teníamos mucha hambre y pedimos una fritura de pescado para probar un poquito de todo. Nada variada, como veis muchos boquerones y alguna pescadilla, aunque bien de cantidad. Sin pena ni gloria, cena por 21 €.

 

Como el tiempo en Salobreña empeoró bastante, decidimos emprender la vuelta antes para poder pasar un buen día de playa en el Morche, en Torrox.

Cuando llegamos a la playa, vimos un tal Chiringuito Paco, tampoco había muchos bares cerca así que nos acercamos a reservar una mesa pero nos comentaron que no reservaban y nos recomendaron que estuviéramos prontito porque se llenaba. 

Así que nos dimos un baño y tomamos el sol, echando un ojito al chiringuito no fuese que nos quedásemos sin mesa. En breve empezó a llegar mucha gente así que guardamos las cosas de playa y nos plantamos en el bar. 

 
El servicio fue rapidísimo y todo estaba taaaan bueno. Pedimos media ración de rosada a la plancha y otra media de almejas, un espeto y una ración de paella con sus refrescos. Todo por 23.40 €. Pescado fresquísimo en la misma playita. 
 
Sin duda un buen broche para las vacaciones de verano. ¿Dónde serán las siguientes? ;)

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